Salir del cascarón

lunes, 18 de enero de 2010

Hace unos momentos intercambiaba unos mensajes con mi pareja sobre las consecuencias que podría tener la anterior entrada de Escribir en blogs.

Surgía "un poco de mieditis" porque hubieran quedado vinculados todos los blogs en los que estábamos directamente relacionados ("por si lo leen personas conocidas"). Había quedado vinculado un blog como Modelar Arcilla (conocido por familiares y amig@s), con otros tantos de temas más raritos (que a la familia y a ciertas amistades les costaría más entender). Aún así veíamos la importancia de "no mostrar partes tan diferentes" de lo que somos, de "unificar la intención y darle vida".

Tanto uno como otro ha tenido experiencias pasadas, nada agradables. De roces con seres queridos, por una incomprensión mutua.

Recuerdo que siendo niño, un día que caminaba con mi padre, él me contó algo que consideré personal, por lo que yo me sentí con ciertas ganas de sincerarme, a mi vez, con él. Le conté que "hablaba con Dios". Era así como entendía lo que sucedía y así se lo conté. Al decírselo no pareció que hubiera sido nada de lo que lamentarse. Continuamos el paseo hablando como si nada.

Horas después lamentaría esa 'metedura de pata'. Llegada la noche me reunieron mi madre y mis tres hermanos para hablar de la cuestión. Recuerdo breves retazos de aquella reunión. Lo que ha permanecido es la sensación interna sobre lo peligroso que es hablar de ciertos temas. A ese niño le causó mucha impresión el que su familia le reuniera para 'interrogarle'.

Han pasado muchos años, no soy un niño. Aún así desconozco si, el hablar de ciertos temas, conllevará consecuencias desagradables en otros ambientes (familia, amistades, trabajo,...)

De todas formas, la edad también ha traido cierta comprensión de que distintas personas necesitan distintos modos de entender lo que uno cuenta. Sobre lo importante que es transmitir en diferentes lenguajes lo que uno percibe. Sobre la incomprensión que surge cuando las personas insisten en hablar en distintos idiomas sin tender un puente entre los mismos. Unos insisten en "tener los pies sobre el suelo" y los otros en "volar por las nubes". Cada uno orgulloso de tener la razón de su parte. Estamos viviendo juntos en una misma realidad, pero parece que insistimos en crear mundos distantes y disjuntos (sin nada en común).

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