¿Estamos realmente pendientes de los demás?

lunes, 18 de enero de 2010

Habremos oido en muchas ocasiones, por boca propia o ajena, cómo, durante la mayor parte del tiempo, estamos pendientes de los demás y cómo necesitamos centrarnos en nosotros mismos. Nos decimos que ha llegado la hora de dedicarnos más a nosotros mismos, a nuestro crecimiento, que hemos dedicado mucho tiempo al bienestar de los otros...

Eso es lo que nos decimos a nosotros y estamos presurosos de contárselo a los otros. Decimos que hemos aprendido, después de múltiples palos de la vida, a estar más pendientes de uno mismo que de los otros.

Sin embargo, la realidad es otra.

Lo cierto es que nos asombrariamos del tiempo que dedicamos a mirarnos el ombligo. Aunque estemos rodeados de otros (en el tren, la calle,...), son como fantasmas para nosotros. No los miramos, ni nos interesamos por ellos.

No estoy hablando de apuntarse a ONGs, ni hacer ninguna campaña de altruismo y solidariedad. Hablo de mirar al otro, mirar afuera, dejar de vivir obsesionados con nuestra imagen.

Lo que llamamos "estar interesados en los otros", es realmente estar interesado en lo que los otros puedan decir de nosotros. Queremos ofrecer una imagen determinada (de ser buenos o malos, espirituales o terrenales, de víctimas o salvadores...), por lo que hemos de estar pendientes del feedback que recibimos de alrededor. Dado que vivimos constántemente en esa actividad de 'vendernos', llega un día en el que nos cansamos y decimos que vamos a dejar de hacer eso, que vamos a hacer un viaje de crecimiento interior. Lo que significa que vamos a estar igual de obsesionados con nosotros mismos pero esta vez sin recibir ningún feedback de fuera. Seremos libres, por fin.

En esa carrera constante por "nuestra imagen" no caemos en la cuenta que el asunto no trata de centrarse en nosotros o en los demás. Eso da igual. Dependerá de las circunstancias el nivel de atención que tengamos hacia dentro o hacia afuera (por hablar de alguna forma). Lo que importa es poder mirar lo real (dentro o fuera).

Recuerdo una cita del Evangelio Según Tomás que dice que "el Reino de Dios está en vuestro interior y está fuera de vosotros". Me parece una puntualización interesante y necesaria. Nos hemos acostumbrado tanto al "Reino de Dios dentro de vosotros" que hemos perdido la perspectiva correcta. Nos hemos obsesionado con ese "dentro".

La diferencia entre mirar o no es asombrosa.

Puedo estar horas y horas con mi pareja, sin haberla realmente mirado. Los hábitos, los recuerdos, se introducen entre uno mismo y ella. Muchas veces, durante largos periodos de tiempo, no llego a verla. Oigo susurros de su voz, mientras por dentro me fijo en si me parece bien o no lo que dice, si siempre ha dicho o no lo mismo, si siempre hace tal o cual cosa... Ella, la mujer, el ser al que amo, se pierde entre ese ronroneo mental. Sin embargo, los momentos en los que consigo verla, veo un ser del que desconozco todo, un ser que nace del Misterio. Al ver el Misterio en ella, veo el Misterio en mí y alrededor.

Si eso pasa con el ser más querido que tengo cerca, podéis imaginaros lo que pasa con los que me cruzo por la calle.

Prestad atención a lo que hacéis y veréis lo que digo. Prestamos una brevísima atención a lo que sucede para, a continuación, introducirnos en nuestra burbuja de expectativas y suposiciones.

No nos vemos. Andamos entre fantasmas.

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