martes, 19 de enero de 2010
Esta noche mi pareja soñó que en este blog aparecía un comentario que se titulaba Seguir la dirección. Al despertar y contármelo pensamos que sería interesante realizar una entrada con ese título. La pega es que no recordó el contenido del mismo,...
¿Cuál sería entonces su contenido? Tengo otro pequeño problema, puesto que desde que me lo contó hasta ahora, al pensar en Seguir la dirección surgía una comprensión determinada. ¿Cuál es el problema? No veo una conexión lógica entre uno y otro y, sin embargo, siento que quiero hablar del mismo. Paso a contároslo... y me reservo el derecho de cambiar su contenido si con el tiempo entiendo que ha de ser así. De esta forma, tomo en cuenta el sueño de mi preciosa pareja y mi propio movimiento interior.
Algo que me resultó asombroso y chocante al percibirlo fue el panorama de libertad que se abre ante nosotros.
Cuando comenzamos a movernos por estos "mundos espirituales" (por llamarlos de algún modo), surge la suposición de la existencia de seres que tienen todas las respuestas: maestros ascendidos o no, ángeles, divinidades, animales de poder... Ante ellos nosotros nos sentimos pequeñitos, como seres insignificantes. Si alguno de ellos nos mandara un mensaje nos sentiríamos con la obligación de hacerles caso, sintiéndonos agradecidos que nos hubieran mirado (como si el recibir las migajas fuera suficiente para estar contentos). Quién sabe si, al menos, nos dejarían estar orgullosos de decir que "somos sus enviados".
La situación es muy distinta cuando se observa el panorama real y no el que suponemos que es.
Podemos observar cómo toda la creación entera (o manifestación, como gustéis llamarla) está en la misma situación que nosotros. ¿A qué situación me refiero? Están expectantes a lo que pueda surgir, a la palabra que vaya a pronunciar el Espíritu. Nadie sabe lo que el Espíritu contará dentro de un momento. Nadie sabe lo que el Espíritu susurrará al oido de una de sus criaturas. Y eso es así, tanto para nosotros como para los ángeles, arcángeles y todo el coro celestial, para los maestros ascendidos o vivos del presente, del pasado y del futuro.
Me diréis que me estoy pasando, que los seres tales y cuales son la repera, que conocen todo lo habido y por haber. Pero no es así. Ellos están igual que nosotros, a la espera, se mantienen en constante expectativa... Lo que sucede es que están escuchando constántemente lo que el Espíritu les cuenta, así como de lo que les cuenta a los otros. Nada saben de lo que el Espíritu pueda decir a otro, salvo lo que el mismo Espíritu les cuente a ellos. Más, ahí su grandeza, están abiertos a ver las huellas divinas allí dónde surjan.
De alguna forma, que no llego a entender, el Espíritu manifiesta su intención de mostrarse personalmente a cada uno de nosotros y quiere que estemos atentos a lo que pueda hablar por boca de otros.
Es muy bonito percibir cómo todos los seres estamos a la espera. Al contarlo casi siempre uso la imagen que aparecía en la película City of angels, en la que los ángeles están reunidos mirando el ascenso del Sol a los cielos. Una imagen muy adecuada.
Ya hablaré, otro día, más sobre este punto, para dejar más claro qué es lo que percibí. Únicamente ha sido un adelanto.
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