martes, 19 de enero de 2010
Os presento un texto que escribí hace unos meses desde cierto estado 'especial'.
En ciertos momentos, bajo ciertos estados, me había dado cuenta de que uno no podía suponer nada de lo que ocurría dentro de los otros. Que todo intento de llenar ese vacio suponía proyectar unas ideas propias sobre los otros.
Ahora me doy cuenta de algo más. Algo que me pasó desapercibido durante esos momentos. Uno mismo tampoco puede suponer nada sobre sí mismo. Uno tampoco tiene un dentro a donde pueda mirar. Lo que se percibe ahi dentro es un vacío, dado que la misma percepción no puede atravesar esa barrera. Parece una barrera infranqueable ya que desde donde se produce la percepción es afuera. El estado de consciencia nace de ese estado vacío. Todo lo que se percibe desde la consciencia es lo que surge de ese vacío. Por lo que si algo no surge, no es objeto de la percepción.
Es semejante a lo que se cuenta de los experimentos de mecánica cuántica. No sabemos cómo es el mundo subatómico en sí. Simplemente podemos hacer algo para que surja una respuesta, que se manifieste algo. Aún así se sigue ignorando lo que hay dentro, puesto que únicamente percibimos las múltiples respuestas.
Eso se experimenta como vacío, como oscuridad.
Algo que puede llevarnos a no percibir ese vacío es llenarlo con cosas. Cuando oimos que dentro se percibe un vacío, uno hace un intento de mirarlo y al ver que aparecen pensamientos, sentimientos,... entonces no se llega a entender cómo alguien ha podido decir que ese dentro está vacío. Entonces uno piensa que los que hablan de ese vacío no saben muy bien lo que dicen y, cuando sentimos ciertos reparos para pensar así, al conocer que muchas personas las han llamado sabias, entonces damos otro significado a ese vacío, llenándolo artificialmente. Hablamos entonces de espíritu, alma.
Pero no. Los que han visto ese vacío lo han visto de verdad. Lo único que ha pasado es que ellos han mirado dentro de esos pensamientos, sentimientos... (más alla de cualquier alma o espíritu particular) para percibir una completa oscuridad, una incapacidad de ver algo, salvo lo que se muestra. Se han percatado que siempre y en todo lugar lo que se percibe es lo que se manifiesta. Que lo único que sabemos de lo que hay dentro es lo que manifiesta. Estamos a la espera de lo que surge.
Otro problema es querer ver ese vacío. No insistan. No se puede ver. Cuando se habla de ver es realmente no-ver (en sentido normal y cotidiano, sin ningún tipo de misticismo). Justamente ese no-ver es lo que deja constancia del vacío. El vacío es un nombre a esa no-percepción de algo. El vacío en sí mismo no es algo percibible. De lo que nos damos cuenta es del nacimiento de toda la manifestacion de algo no-manifiesto. La existencia nacida de la no-existencia, como diría un taoista. Lo único que podemos decir de Eso es de forma negativa, como ausencia de. No es que Eso no tenga cualidades, sino que simplemente el término cualidad no tiene sentido para algo que no es percibible.
El espejo es una imagen usada para dar una idea de lo que se quiere mostrar. Se dice que la mente es como un espejo. Se intenta que nos demos cuenta de lo que sucede en el espejo, su constante reflejar lo que tiene delante. Se nos pide que digamos cuál sería la imagen del espejo, si no hubiera nada delante. Con eso se apunta a que nos demos cuenta de algo: no podemos decir, ni pensar, ni imaginar lo que pudiera ser un espejo cuando no tiene nada delante. El darse cuenta de esa imposibilidad es ver el vacío. Fuera de la manifestación, no hay nada de lo que decir, pensar o imaginar. Hay un vacío.
Para decirle de otra manera, la existencia es relación. Cuando algo surge, surge para alguien. No podemos decir, ni pensar ni imaginar nada mientras no se manifieste, surja en relación a algo.
Uno podría pensar qué pasa cuando se toma constancia de ese vacío. Lo que se observa es un desinterés en seguir mirando dentro, surgiendo un interés creciente en mirar fuera. Dejar de intentar percibir lo que no es percibible, para comenzar a percibir lo que es percibible. No es mucho, es dejar de hacer algo que en sí mismo es imposible de hacer, no por carecer de un poder especial para realizarlo sino porque es absurdo.
Desaparece un tremendo peso de encima al dejar de intentar llenar ese vacio con cosas, suposiciones.
Se constata que no se sabe nada de lo de dentro, pero está a nuestra disposición estar atento a lo que se manifiesta, momento tras momento, instante tras instante. Percibir el nacimiento contínuo de un nuevo mundo.
0 Comments:
Post a Comment