Vida y muerte

martes, 26 de enero de 2010

La vida era pura incertidumbre. La vida no era como las novelas decimonónicas; no tenía nudo y desenlace, no existía una causa ni un orden para las cosas, y ni siquiera las realidades más simples eran fiables ... Zarza pensó que, en realidad, sólo había una cosa que supiera con total seguridad, y era que algún día moriría. Pero tal vez para entonces hubiera descubierto que, pese a todo, la vida merece la pena vivirse.
Rosa Montero El corazón del Tártaro

¿Porqué cuando pensamos en cómo debemos vivir la vida, en cómo disfrutarla, inevitablemente pensamos en la muerte? ¿Es la muerte la que realmente da el sentido a la vida? Quizás sólo valoramos lo que tenemos cuando creemos poder perderlo.

Normalmente no pensamos en qué día llegará, aunque todos sepamos que ese momento es inevitable. Bueno, en realidad nadie quiere pensar sobre ello. La muerte no parece tener en cuenta ni la calidad del ser humano ni sus riquezas. Es mala, cruel y asusta. ¿No?

Hay quien vive la vida como un tiempo limitado y se angustia constantemente. Hay quien vive al día, al límite con esa connotación drástica que presupone el "Carpe Diem, fugit tempus". Hay quien vive vida buscando siempre mejorar en todos los aspectos. Personalmente, siento que es una oportunidad para crear una vida acorde con nuestros sueños, con los impulsos del corazón. Una oportunidad para ser felices. Un regalo divino.

La muerte inspira temor como cualquier cambio drástico. Todos sabemos cómo actuar ahora que estamos vivos, los riesgos de hacer unas cosas u otras, cómo movernos en este campo tridimensional que ofrece tantas posibilidades. En cambio, tras la muerte, no se sabe con precisión qué ocurre. La fe, la sensibilidad de algunas personas, sus dones, ciertos estados de conciencia nos traen retazos de información sesgada que aún no hemos conseguido recomponer. Quizás sea porque la Muerte no es sólo un maestro que nos ayuda a apreciar la vida con intensidad, sino porque, como la Vida, es un Misterio más allá de nuestro entendimiento.

Lo que sí sé sobre la Vida es que realmente merece la pena vivirse. No importa lo que nos pase, sino cómo vivimos lo que nos pase. Por eso es importante no desperdiciarla enjuiciando a nadie, sintiéndonos mal, creyendo siempre que es tarde... El tiempo que pasemos tristes o enfadados nadie nos lo devolverá. Cambiar ese estado no es tan complicado, basta con alimentar el corazón y desconectar un rato la mente. Tal vez entonces sintáis un lazo invisible que nos une a todos. Todo cobra entonces otro sentido, incluso la muerte.

El miedo

jueves, 21 de enero de 2010

El miedo es un gran maestro, nos enseña hacia dónde debemos dirigir la mirada para seguir creciendo interiormente. Vivir sin miedo es un gran reto. Nos preocupa todo tanto. Damos tanta importancia a algunas partes de nosotros mismos...

Y no hablo de algo físico. No me refiero a ese temor que proviene del instinto básico de supervivencia.

Es curioso, ¿os habéis fijado en que cuando algo os atemoriza y os hace estar agazapados no os da miedo la situación en sí? Me explico: me he dado cuenta de que lo que realmente me asusta de verdad es todo lo que imagino que ocurrirá después de hacer lo que me inspira temor. Deduzco entonces que el miedo está directamente relacionado con la cabeza. No podemos vivir sin ella, pero con ella...

De alguna forma ligamos todo a antiguas experiencias ya sean propias o de otros. Y es de ellas de donde cogemos las "imágenes" para sentir temor.

Librarse de temores puede ser duro, depende de lo difícil que nos resulte darnos cuenta de que el miedo se origina en la mente, de que no es tan real como pensamos. Tener conciencia de eso es el primer paso. Luego hay que seguir con la voluntad de perder ese miedo. Y Sinceramente... lo más divertido de todo es cuando, pese a todo, haces eso que te asusta y descubres que no era para tanto. Seguramente habíamos imaginado algo mucho peor...

Causalidad o casualidad

martes, 19 de enero de 2010

¿No os ha pasado alguna vez que un cúmulo de situaciones "extrañas" os han llevado a realizar una acción determinada?. ¿Algo que no pensábais hacer de esa forma?. Es como si hubiera un hilo mágico que nos guía en el momento necesario. Seguro que alguna vez os lo habéis planteado.

Podría contaros muchos ejemplos de esto que os comento, pero me gusta recordar cómo me apunté a un taller de Reiki y qué supuso para mi.

La primera vez que oí hablar de Reiki fue a mi hermano Jose. Estaba enfermo de cáncer y le gustaba aplicarse sesiones de Reiki para tener menos molestias. No sería mi momento entonces, porque recuerdo haberle escuchado con atención pero no tener interés alguno en aprender a hacerlo.

Mucho tiempo después de que él hubiera fallecido estaba delante de un ordenador y de repente sentí por dentro como una llamada, sonaba como una voz interna que repetía Reiki, Reiki... Así que ni lo pensé. Abrí el buscador y tecleé: Reiki Madrid con la intención clara de hacer un curso. No tenía ninguna razón práctica. No era la mente la que hablaba, era el corazón. Y a ése siempre conviene escucharle, incluso cuando no parece tener mucho sentido lo que dice. Realmente es un punto clave para nuestra felicidad.

Miré información sobre varios cursos, y tras mirar en los foros lo que decían en los dos sitios que me parecieron más interesantes, me incliné por uno. Llamé y me costó varias veces que me cogieran el teléfono. Cuando conseguí hablar con alguien no me pareció muy simpático para estar en un centro de terapias alternativas. Pensé: un mal día lo tiene cualquiera, incluso los que consideramos como maestros. No le dí ninguna importancia entonces. Me informé y me dijeron que hacían los cursos cada varios meses, cuando conseguían juntar un grupo lo suficientemente grande como para que pudieran darlo. Mientras esperaba impaciente la llegada del día que me habían dicho para hacer el curso, me puse enferma con una gripe horrible que me mantuvo en cama con fiebre. Cuando llamé para decir que no podría asistir me dijeron que de todas formas estaban pendientes de llamarnos porque no se habían inscrito suficientes personas. Me propusieron una nueva fecha para dos meses después. Sin embargo algo interno se estaba moviendo y sentía la imperiosa necesidad de hacerlo YA.

Acabé en el segundo sitio seleccionado. Llamé, me lo cogió a la primera una chica muy amable que me informó de todo. El curso más cercano era ese mismo fin de semana y ¡¡sólo quedaba una plaza!!.

En mi entorno me sentía muy extraña, nadie parecía tener mis inquietudes y no parecía entender que quisiera buscar algo más en mi vida. No me sentía comprendida. Eso me entristecía mucho.

Aquel curso lo recuerdo con mucho cariño. Fue un despertar al mundo sutil. Dejar de mirar mi ombligo y lo mal que estaba el mundo para descubrir que era yo la que necesitaba ayuda. Que lo que mejor podía hacer por el mundo era recuperar mi propio equilibrio. Abrí los ojos a cosas que siempre habían estado allí, solo que nadie me había dicho dónde mirar, cómo mirar.

Además conocí a personas interesadas en los mismos temas que yo. Al fin dejé de sentirme una extraña rodeada de personas. Entendí que todos somos diferentes pero que estamos conectados a un mismo Espíritu, y eso, ya nos hace parecidos. Que a veces buscamos diferencias buscando ser "especiales", pero que eso sólo nos separa.

A veces nos empeñamos en lo difícil, como tuviera más mérito precisamente por eso. Sin embargo, la mayoría de las cosas que nos llegan casi sin moverlas, sólo con una intención clara... ésas, suelen ser significativas. Prestad atención a lo que realmente queréis de corazón para vuestras vidas y todo empezará a moverse a vuestro alrededor.

Por eso creo que nada es casualidad. Que existe algo mágico e intangible que nos rodea, que se alía con nuestro Ser y nos impulsa como motores para seguir un camino: el camino del Corazón. Si pensáis durante unos instantes sobre esto seguro que recordaréis una voz dulce y cálida, como un susurro que nunca se calla. Una voz interna y apacible que nos guia, que nos habla de amor, de alegría, de paz, de equilibrio, de sueños por cumplir... es... la voz del Espíritu hablando en nuestro interior.

Vivir sin cabeza

Os presento un texto que escribí hace unos meses desde cierto estado 'especial'.



En ciertos momentos, bajo ciertos estados, me había dado cuenta de que uno no podía suponer nada de lo que ocurría dentro de los otros. Que todo intento de llenar ese vacio suponía proyectar unas ideas propias sobre los otros.

Ahora me doy cuenta de algo más. Algo que me pasó desapercibido durante esos momentos. Uno mismo tampoco puede suponer nada sobre sí mismo. Uno tampoco tiene un dentro a donde pueda mirar. Lo que se percibe ahi dentro es un vacío, dado que la misma percepción no puede atravesar esa barrera. Parece una barrera infranqueable ya que desde donde se produce la percepción es afuera. El estado de consciencia nace de ese estado vacío. Todo lo que se percibe desde la consciencia es lo que surge de ese vacío. Por lo que si algo no surge, no es objeto de la percepción.

Es semejante a lo que se cuenta de los experimentos de mecánica cuántica. No sabemos cómo es el mundo subatómico en sí. Simplemente podemos hacer algo para que surja una respuesta, que se manifieste algo. Aún así se sigue ignorando lo que hay dentro, puesto que únicamente percibimos las múltiples respuestas.

Eso se experimenta como vacío, como oscuridad.

Algo que puede llevarnos a no percibir ese vacío es llenarlo con cosas. Cuando oimos que dentro se percibe un vacío, uno hace un intento de mirarlo y al ver que aparecen pensamientos, sentimientos,... entonces no se llega a entender cómo alguien ha podido decir que ese dentro está vacío. Entonces uno piensa que los que hablan de ese vacío no saben muy bien lo que dicen y, cuando sentimos ciertos reparos para pensar así, al conocer que muchas personas las han llamado sabias, entonces damos otro significado a ese vacío, llenándolo artificialmente. Hablamos entonces de espíritu, alma.

Pero no. Los que han visto ese vacío lo han visto de verdad. Lo único que ha pasado es que ellos han mirado dentro de esos pensamientos, sentimientos... (más alla de cualquier alma o espíritu particular) para percibir una completa oscuridad, una incapacidad de ver algo, salvo lo que se muestra. Se han percatado que siempre y en todo lugar lo que se percibe es lo que se manifiesta. Que lo único que sabemos de lo que hay dentro es lo que manifiesta. Estamos a la espera de lo que surge.

Otro problema es querer ver ese vacío. No insistan. No se puede ver. Cuando se habla de ver es realmente no-ver (en sentido normal y cotidiano, sin ningún tipo de misticismo). Justamente ese no-ver es lo que deja constancia del vacío. El vacío es un nombre a esa no-percepción de algo. El vacío en sí mismo no es algo percibible. De lo que nos damos cuenta es del nacimiento de toda la manifestacion de algo no-manifiesto. La existencia nacida de la no-existencia, como diría un taoista. Lo único que podemos decir de Eso es de forma negativa, como ausencia de. No es que Eso no tenga cualidades, sino que simplemente el término cualidad no tiene sentido para algo que no es percibible.

El espejo es una imagen usada para dar una idea de lo que se quiere mostrar. Se dice que la mente es como un espejo. Se intenta que nos demos cuenta de lo que sucede en el espejo, su constante reflejar lo que tiene delante. Se nos pide que digamos cuál sería la imagen del espejo, si no hubiera nada delante. Con eso se apunta a que nos demos cuenta de algo: no podemos decir, ni pensar, ni imaginar lo que pudiera ser un espejo cuando no tiene nada delante. El darse cuenta de esa imposibilidad es ver el vacío. Fuera de la manifestación, no hay nada de lo que decir, pensar o imaginar. Hay un vacío.

Para decirle de otra manera, la existencia es relación. Cuando algo surge, surge para alguien. No podemos decir, ni pensar ni imaginar nada mientras no se manifieste, surja en relación a algo.

Uno podría pensar qué pasa cuando se toma constancia de ese vacío. Lo que se observa es un desinterés en seguir mirando dentro, surgiendo un interés creciente en mirar fuera. Dejar de intentar percibir lo que no es percibible, para comenzar a percibir lo que es percibible. No es mucho, es dejar de hacer algo que en sí mismo es imposible de hacer, no por carecer de un poder especial para realizarlo sino porque es absurdo.

Desaparece un tremendo peso de encima al dejar de intentar llenar ese vacio con cosas, suposiciones.

Se constata que no se sabe nada de lo de dentro, pero está a nuestra disposición estar atento a lo que se manifiesta, momento tras momento, instante tras instante. Percibir el nacimiento contínuo de un nuevo mundo.

Etiqueta: Especial

Voy a reservar la etiqueta especial para marcar las entradas que fueron escritas en estados muy especiales (valga la redundancia). Estados que me permitían comprender distintos aspectos de la realidad, con mayor claridad de lo normal.

Dado que la comprensión de un momento especial puede nublar la comprensión de otros momentos, anteriormente etiquetados como tales, siempre podrá ocurrir que un texto salga o entre de esa categoría, según el entendimiento me lo haga saber.

También dejaré en esta categoría la presentación de la misma...

Seguir la dirección

Esta noche mi pareja soñó que en este blog aparecía un comentario que se titulaba Seguir la dirección. Al despertar y contármelo pensamos que sería interesante realizar una entrada con ese título. La pega es que no recordó el contenido del mismo,...

¿Cuál sería entonces su contenido? Tengo otro pequeño problema, puesto que desde que me lo contó hasta ahora, al pensar en Seguir la dirección surgía una comprensión determinada. ¿Cuál es el problema? No veo una conexión lógica entre uno y otro y, sin embargo, siento que quiero hablar del mismo. Paso a contároslo... y me reservo el derecho de cambiar su contenido si con el tiempo entiendo que ha de ser así. De esta forma, tomo en cuenta el sueño de mi preciosa pareja y mi propio movimiento interior.



Algo que me resultó asombroso y chocante al percibirlo fue el panorama de libertad que se abre ante nosotros.

Cuando comenzamos a movernos por estos "mundos espirituales" (por llamarlos de algún modo), surge la suposición de la existencia de seres que tienen todas las respuestas: maestros ascendidos o no, ángeles, divinidades, animales de poder... Ante ellos nosotros nos sentimos pequeñitos, como seres insignificantes. Si alguno de ellos nos mandara un mensaje nos sentiríamos con la obligación de hacerles caso, sintiéndonos agradecidos que nos hubieran mirado (como si el recibir las migajas fuera suficiente para estar contentos). Quién sabe si, al menos, nos dejarían estar orgullosos de decir que "somos sus enviados".

La situación es muy distinta cuando se observa el panorama real y no el que suponemos que es.

Podemos observar cómo toda la creación entera (o manifestación, como gustéis llamarla) está en la misma situación que nosotros. ¿A qué situación me refiero? Están expectantes a lo que pueda surgir, a la palabra que vaya a pronunciar el Espíritu. Nadie sabe lo que el Espíritu contará dentro de un momento. Nadie sabe lo que el Espíritu susurrará al oido de una de sus criaturas. Y eso es así, tanto para nosotros como para los ángeles, arcángeles y todo el coro celestial, para los maestros ascendidos o vivos del presente, del pasado y del futuro.

Me diréis que me estoy pasando, que los seres tales y cuales son la repera, que conocen todo lo habido y por haber. Pero no es así. Ellos están igual que nosotros, a la espera, se mantienen en constante expectativa... Lo que sucede es que están escuchando constántemente lo que el Espíritu les cuenta, así como de lo que les cuenta a los otros. Nada saben de lo que el Espíritu pueda decir a otro, salvo lo que el mismo Espíritu les cuente a ellos. Más, ahí su grandeza, están abiertos a ver las huellas divinas allí dónde surjan.

De alguna forma, que no llego a entender, el Espíritu manifiesta su intención de mostrarse personalmente a cada uno de nosotros y quiere que estemos atentos a lo que pueda hablar por boca de otros.

Es muy bonito percibir cómo todos los seres estamos a la espera. Al contarlo casi siempre uso la imagen que aparecía en la película City of angels, en la que los ángeles están reunidos mirando el ascenso del Sol a los cielos. Una imagen muy adecuada.

Ya hablaré, otro día, más sobre este punto, para dejar más claro qué es lo que percibí. Únicamente ha sido un adelanto.

¿Estamos realmente pendientes de los demás?

lunes, 18 de enero de 2010

Habremos oido en muchas ocasiones, por boca propia o ajena, cómo, durante la mayor parte del tiempo, estamos pendientes de los demás y cómo necesitamos centrarnos en nosotros mismos. Nos decimos que ha llegado la hora de dedicarnos más a nosotros mismos, a nuestro crecimiento, que hemos dedicado mucho tiempo al bienestar de los otros...

Eso es lo que nos decimos a nosotros y estamos presurosos de contárselo a los otros. Decimos que hemos aprendido, después de múltiples palos de la vida, a estar más pendientes de uno mismo que de los otros.

Sin embargo, la realidad es otra.

Lo cierto es que nos asombrariamos del tiempo que dedicamos a mirarnos el ombligo. Aunque estemos rodeados de otros (en el tren, la calle,...), son como fantasmas para nosotros. No los miramos, ni nos interesamos por ellos.

No estoy hablando de apuntarse a ONGs, ni hacer ninguna campaña de altruismo y solidariedad. Hablo de mirar al otro, mirar afuera, dejar de vivir obsesionados con nuestra imagen.

Lo que llamamos "estar interesados en los otros", es realmente estar interesado en lo que los otros puedan decir de nosotros. Queremos ofrecer una imagen determinada (de ser buenos o malos, espirituales o terrenales, de víctimas o salvadores...), por lo que hemos de estar pendientes del feedback que recibimos de alrededor. Dado que vivimos constántemente en esa actividad de 'vendernos', llega un día en el que nos cansamos y decimos que vamos a dejar de hacer eso, que vamos a hacer un viaje de crecimiento interior. Lo que significa que vamos a estar igual de obsesionados con nosotros mismos pero esta vez sin recibir ningún feedback de fuera. Seremos libres, por fin.

En esa carrera constante por "nuestra imagen" no caemos en la cuenta que el asunto no trata de centrarse en nosotros o en los demás. Eso da igual. Dependerá de las circunstancias el nivel de atención que tengamos hacia dentro o hacia afuera (por hablar de alguna forma). Lo que importa es poder mirar lo real (dentro o fuera).

Recuerdo una cita del Evangelio Según Tomás que dice que "el Reino de Dios está en vuestro interior y está fuera de vosotros". Me parece una puntualización interesante y necesaria. Nos hemos acostumbrado tanto al "Reino de Dios dentro de vosotros" que hemos perdido la perspectiva correcta. Nos hemos obsesionado con ese "dentro".

La diferencia entre mirar o no es asombrosa.

Puedo estar horas y horas con mi pareja, sin haberla realmente mirado. Los hábitos, los recuerdos, se introducen entre uno mismo y ella. Muchas veces, durante largos periodos de tiempo, no llego a verla. Oigo susurros de su voz, mientras por dentro me fijo en si me parece bien o no lo que dice, si siempre ha dicho o no lo mismo, si siempre hace tal o cual cosa... Ella, la mujer, el ser al que amo, se pierde entre ese ronroneo mental. Sin embargo, los momentos en los que consigo verla, veo un ser del que desconozco todo, un ser que nace del Misterio. Al ver el Misterio en ella, veo el Misterio en mí y alrededor.

Si eso pasa con el ser más querido que tengo cerca, podéis imaginaros lo que pasa con los que me cruzo por la calle.

Prestad atención a lo que hacéis y veréis lo que digo. Prestamos una brevísima atención a lo que sucede para, a continuación, introducirnos en nuestra burbuja de expectativas y suposiciones.

No nos vemos. Andamos entre fantasmas.

Salir del cascarón

Hace unos momentos intercambiaba unos mensajes con mi pareja sobre las consecuencias que podría tener la anterior entrada de Escribir en blogs.

Surgía "un poco de mieditis" porque hubieran quedado vinculados todos los blogs en los que estábamos directamente relacionados ("por si lo leen personas conocidas"). Había quedado vinculado un blog como Modelar Arcilla (conocido por familiares y amig@s), con otros tantos de temas más raritos (que a la familia y a ciertas amistades les costaría más entender). Aún así veíamos la importancia de "no mostrar partes tan diferentes" de lo que somos, de "unificar la intención y darle vida".

Tanto uno como otro ha tenido experiencias pasadas, nada agradables. De roces con seres queridos, por una incomprensión mutua.

Recuerdo que siendo niño, un día que caminaba con mi padre, él me contó algo que consideré personal, por lo que yo me sentí con ciertas ganas de sincerarme, a mi vez, con él. Le conté que "hablaba con Dios". Era así como entendía lo que sucedía y así se lo conté. Al decírselo no pareció que hubiera sido nada de lo que lamentarse. Continuamos el paseo hablando como si nada.

Horas después lamentaría esa 'metedura de pata'. Llegada la noche me reunieron mi madre y mis tres hermanos para hablar de la cuestión. Recuerdo breves retazos de aquella reunión. Lo que ha permanecido es la sensación interna sobre lo peligroso que es hablar de ciertos temas. A ese niño le causó mucha impresión el que su familia le reuniera para 'interrogarle'.

Han pasado muchos años, no soy un niño. Aún así desconozco si, el hablar de ciertos temas, conllevará consecuencias desagradables en otros ambientes (familia, amistades, trabajo,...)

De todas formas, la edad también ha traido cierta comprensión de que distintas personas necesitan distintos modos de entender lo que uno cuenta. Sobre lo importante que es transmitir en diferentes lenguajes lo que uno percibe. Sobre la incomprensión que surge cuando las personas insisten en hablar en distintos idiomas sin tender un puente entre los mismos. Unos insisten en "tener los pies sobre el suelo" y los otros en "volar por las nubes". Cada uno orgulloso de tener la razón de su parte. Estamos viviendo juntos en una misma realidad, pero parece que insistimos en crear mundos distantes y disjuntos (sin nada en común).

Escribir en blogs

Hace algún tiempo comentaba a mi pareja sobre lo importante que sería que creáramos unos blogs desde los cuales nos expresáramos. Sentía que los blogs nos ofrecerian un medio para movilizar lo que se mueve por dentro nuestro.

Había observado hace tiempo que al escribir, al comunicar, uno tiene necesidad de rememorar la experiencia, de colocarse en un estado receptivo para conocer lo que de dentro de uno quiere salir.

Así pues creamos una serie de blogs orientando cada uno de ellos a una temática determinada:

- Lugares de Poder: En el que ir informando de aquellos lugares con una energía especial. Lugares que habiamos ido descubriendo y trabajando.

- La Fuerza de la Intención: En el que ir mostrando técnicas de acercamiento a lo sagrado, a la energía... Entre ellas se iban a explicar las técnicas con las que trabajábamos en los "Lugares de Poder".

- Visión Chamánica: Un lugar en el que dar una orientación más "chamánica" a lo que ibamos a contar. Mi pareja había estado en varios talleres de chamanismo y le pedí que sería bueno que comunicase lo aprendido. También quería que fuera un sitio en el que contar las distintas experiencias que habiamos tenido con plantas maestras.

- Abrazo Sagrado: Nos interesa el tantra. Sería un buen lugar en el que mostrar información sobre la misma, sin entrar en detalles muy personales, claro.

- Entre ánimas: Ante el reciente descubrimiento del don especial que poseía mi pareja, le sugerí que hablase sobre el mismo.

- Voces con Alma: Podriamos ir seleccionando ciertos textos que nos parecieran interesantes.

En aquellos primeros blogs empezamos a escribir borradores de artículos, pero cierto "respeto" sobre qué hacer público, y de qué modo llevó a que los artículos permanecieran a la espera, sin publicarse. No había llegado su momento.

Pasó el tiempo. Un día, en una librería, un libro llamó la atención: "Joyería mágica de arcilla de metal". Libro que nos introdujo en el fascinante mundo de la creación de joyas mediante la pasta de plata (art clay silver, pmc, arcilla de metal...) Nos entusiasmaba la posibilidad de crear joyas con un toque especial. Empezamos a comprar material y a realizar proyectos. Al poco tiempo a mi pareja le surgió la imperiosa necesidad de contar sobre ello. No había casi nada en la web, en castellano, que explicase cómo trabajar con ese maravilloso material. Ella quería llenar ese silencioso vacio. De aquello surgió un blog Modelar Arcilla que ha estado recibiendo nuestro mutuo cariño para llevarlo adelante.

Por mi parte, me apetecía también dar vida a Voces con Alma, por lo que fui añadiendo entradas al mismo.

Ahora hemos dado nacimiento a este Danzando con el Espíritu. Surge como un blog de contenido libre. Hablaremos de lo que nos interesa, de lo que nos apetezca comunicar. Artículos que fueron pensados para separarlos en distintos blogs, aparecerán en éste.

Los otros blogs siguen esperando su momento.

Cual lactante que no sabe sonreir...

domingo, 17 de enero de 2010

   Una de las más famosas citas del Tao Te King, entre sus lectores o aduladores, es aquella que dice que "El Tao que puede ser expresado, no es el Tao Eterno".

   Más adelante en el mismo, en su capítulo XX para ser más exactos, cuenta algo extraño e interesante. Dice así:


Todos los hombres están radiantes,
como si fuera el día del gran sacrificio,
como si subieran en primavera a una colina.

Sólo yo estoy indeciso,
no he visto ninguna señal.

Cual lactante que no sabe sonreir,
intranquilo y errante como si no tuviera patria.

Todos están satisfechos,
y sólo yo como olvidado.
Tengo el corazón endurecido, confuso y oscuro.

Los hombres del mundo están radiantes, tan radiantes,
sólo yo estoy turbio.

Los hombres del mundo son inteligentes, tan inteligentes,
sólo yo estoy encerrado en mí mismo,
intranquilo como el mar y
agitado sin tener a dónde asirme.

Todos los demás tienen alguna utilidad,
sólo yo soy inepto, como un rústico,
sólo yo soy distinto al resto de los hombres.
Pero venero a la madre suprema que me nutre.


   El texto lo he obtenido de la versión del Tao Te King de Richard Wilhelm (1988 por Edicomunicación, S.A.) En algunos puntos la traducción deja mucho que desear. No es que conozca el idioma nativo de Lao Tse y pueda opinar sobre si debió usar tal o cual palabra, sino por el sentido que se trasluce de sus versos.

  Si consultan la obra verán que he omitido unos primeros versos, más que nada porque ignoro lo que quieren decir. Licencias que se toma un servidor.

   Al leerlos, uno se pregunta sobre el sentido de los mismos. El sentido de un texto, su Tao, no es algo que nosotros debamos inventarnos, sino descubrirlo.

   De alguna forma sentimos que Lao Tse nos quiere indicar algo. Podemos pensar que nos está tomando el pelo, que aunque ese hombre aparente ser alguien 'inepto' (idiota le llamariamos por estos lares), realmente es alguien especial, inteligente, un incomprendido entre su gente. Alguien que esconde sus habilidades por humildad (la falsa humildad que entendemos por "desprecio de sí") y que si las mostrara sería 'muy popular'. Realmente al pensar así intentamos tender un puente en el que la imagen de nosotros mismos aparezca en el texto que se expresa. Dado que nos consideramos 'incomprendidos' por la sociedad, que no sabe ver lo maravillosos e inteligentes que somos, proyectamos esa misma intención en el texto. Pero así eludiremos algo que el texto quiere señalar: "venero a la madre suprema que me nutre".

   Lao Tse nos presenta la imagen del sabio en contraposición a los que lo rodean. La gente que le rodea se siente autosuficiente, personas realizadas (que diriamos hoy en día), felices de ser tan inteligentes, contentos de su personalidad (la imagen que ofrecen al exterior). El hombre, el sabio del relato, sin embargo, percibe su conexión con lo Otro, el Espíritu, conexión sin la cual no es nadie ("como si no tuviera patria"). Muestra la verdadera humildad que reconoce lo que es. El hombre no es un ser que pueda decidir y evaluar sobre las cosas por sí mismo ("estoy indeciso", "cual lactante que no sabe sonreir"). Existe un Tao, un Sentido, que hemos de percibir ("ver una señal").

   ¿Cómo saber el significado de lo que sucede? Mirando, percibiendo, dejando que lo Otro hable dentro nuestro, sin entrometernos tanto sobre si las cosas deberían ser de tal o cual manera al imaginar que por "nuestra" inteligencia ya sabemos cómo son las cosas (nos sentimos unos "perros viejos" a los que nadie puede engañar). Reconociendo nuestra conexión con lo que nos da la vida, la inteligencia... Al poner la intención en observar de qué depende que estemos o no vivos, seamos o no inteligentes, vemos un vacío ("la madre suprema que me nutre"), entonces reconocemos nuestra conexión y entendemos que somos cual lactante que no sabe sonreir.