martes, 26 de enero de 2010
La vida era pura incertidumbre. La vida no era como las novelas decimonónicas; no tenía nudo y desenlace, no existía una causa ni un orden para las cosas, y ni siquiera las realidades más simples eran fiables ... Zarza pensó que, en realidad, sólo había una cosa que supiera con total seguridad, y era que algún día moriría. Pero tal vez para entonces hubiera descubierto que, pese a todo, la vida merece la pena vivirse.Rosa Montero El corazón del Tártaro
¿Porqué cuando pensamos en cómo debemos vivir la vida, en cómo disfrutarla, inevitablemente pensamos en la muerte? ¿Es la muerte la que realmente da el sentido a la vida? Quizás sólo valoramos lo que tenemos cuando creemos poder perderlo.
Normalmente no pensamos en qué día llegará, aunque todos sepamos que ese momento es inevitable. Bueno, en realidad nadie quiere pensar sobre ello. La muerte no parece tener en cuenta ni la calidad del ser humano ni sus riquezas. Es mala, cruel y asusta. ¿No?
Hay quien vive la vida como un tiempo limitado y se angustia constantemente. Hay quien vive al día, al límite con esa connotación drástica que presupone el "Carpe Diem, fugit tempus". Hay quien vive vida buscando siempre mejorar en todos los aspectos. Personalmente, siento que es una oportunidad para crear una vida acorde con nuestros sueños, con los impulsos del corazón. Una oportunidad para ser felices. Un regalo divino.
La muerte inspira temor como cualquier cambio drástico. Todos sabemos cómo actuar ahora que estamos vivos, los riesgos de hacer unas cosas u otras, cómo movernos en este campo tridimensional que ofrece tantas posibilidades. En cambio, tras la muerte, no se sabe con precisión qué ocurre. La fe, la sensibilidad de algunas personas, sus dones, ciertos estados de conciencia nos traen retazos de información sesgada que aún no hemos conseguido recomponer. Quizás sea porque la Muerte no es sólo un maestro que nos ayuda a apreciar la vida con intensidad, sino porque, como la Vida, es un Misterio más allá de nuestro entendimiento.
Lo que sí sé sobre la Vida es que realmente merece la pena vivirse. No importa lo que nos pase, sino cómo vivimos lo que nos pase. Por eso es importante no desperdiciarla enjuiciando a nadie, sintiéndonos mal, creyendo siempre que es tarde... El tiempo que pasemos tristes o enfadados nadie nos lo devolverá. Cambiar ese estado no es tan complicado, basta con alimentar el corazón y desconectar un rato la mente. Tal vez entonces sintáis un lazo invisible que nos une a todos. Todo cobra entonces otro sentido, incluso la muerte.